«Contra la blasfemia”: religión, disciplina y control en las cárceles franquistas

✍️ Introducción

En el sistema penitenciario franquista, la religión no fue únicamente un elemento espiritual, sino una herramienta central de control, disciplina y reeducación ideológica.

El texto titulado “Contra la blasfemia”, redactado en el contexto carcelario, constituye un ejemplo claro de este uso instrumental de la religión. Lejos de ser una reflexión individual, forma parte de un discurso dirigido a transformar la conducta y el pensamiento de los presos.

📜 Un texto dentro del sistema penitenciario

“Contra la blasfemia” no debe entenderse como un escrito aislado.

Se inserta en un contexto en el que:

  • La religión ocupaba un lugar central en la vida cotidiana de las prisiones
  • La práctica religiosa estaba incentivada o impuesta
  • El lenguaje moral formaba parte del sistema disciplinario

👉 El texto funciona como una pieza más dentro de ese engranaje.

⛪ Religión como herramienta de control

El franquismo articuló su sistema penitenciario en estrecha relación con el nacionalcatolicismo.

Dentro de las cárceles:

  • La asistencia a actos religiosos era frecuente u obligatoria
  • La moral católica se utilizaba como criterio de conducta
  • La religión se vinculaba a la redención personal

💥 Clave interpretativa

La fe no era solo una cuestión privada

👉 Era un instrumento de disciplina social

⚖️ Blasfemia y orden moral

El texto centra su discurso en la condena de la blasfemia, entendida no solo como una falta religiosa, sino como una desviación moral.

En este contexto:

  • Blasfemar no era solo hablar contra lo sagrado
  • Era una forma de indisciplina
  • Era un síntoma de desviación ideológica

💥 Interpretación

El lenguaje religioso se convierte en lenguaje político

👉 La moral sustituye al castigo explícito

🧠 Reeducación ideológica

Uno de los objetivos fundamentales del sistema penitenciario franquista fue la reeducación de los presos.

A través de textos como este:

  • Se promovía la introspección moral
  • Se fomentaba el arrepentimiento
  • Se incentivaba la aceptación del orden establecido

💥 Clave

No se buscaba solo castigar

👉 Se buscaba transformar al individuo

🔗 Relación con la redención de penas

La dimensión religiosa estaba estrechamente vinculada con el sistema de redención de penas.

En muchos casos:

  • La conducta religiosa influía en la valoración del preso
  • La disciplina moral podía tener consecuencias prácticas
  • La adhesión al discurso oficial facilitaba beneficios

💥 Idea clave

La religión no era neutral

👉 Tenía efectos reales dentro del sistema penitenciario

🧩 Propaganda y lenguaje

El texto “Contra la blasfemia” comparte elementos con la propaganda franquista:

  • Lenguaje sencillo y directo
  • Apelación moral
  • Construcción de culpa
  • Promesa de redención

👉 No es solo un texto religioso

👉 Es un discurso persuasivo

🧭 Contexto y conexiones

Este artículo se integra dentro de una red más amplia:

🧠 Conclusión

“Contra la blasfemia” permite comprender cómo funcionaba el sistema penitenciario franquista más allá del castigo físico.

Muestra un modelo en el que:

  • La religión
  • La moral
  • La disciplina

👉 formaban parte de un mismo mecanismo de control

💥 Idea final

La lucha contra la blasfemia no fue solo una cuestión religiosa.

Fue:

👉 una herramienta de orden
👉 un instrumento de disciplina
👉 y una pieza más dentro del sistema represivo franquista

📎 🧾 Anexo documental

La Circular de 19 de enero de 1939, dentro del programa de «Propaganda religiosa», véase el articulo «La propaganda en las cárceles franquistas»,  establecía una serie de sanciones contra aquellos reclusos que blasfemaran:

«Se impondrá sanciones a los funcionarios que toleren o disimulen dicha falta a los reclusos. A éstos se les sanciona la primera vez con privación de las comunicaciones oral y escrita con el exterior en tanto no se aprecie su arrepentimiento, y en caso de reincidencia, se les aplica otras correcciones reglamentarias más severas y se les llega hasta inhabilitar para obtener el beneficio de libertad condicional y redención de pena por el trabajo».

Tal debía de ser este problema, el de blasfemar, para unas autoridades que confesaban una fe católica extrema, que además de la Orden arriba mencionada, el periódico Redención, única lectura autorizada en el interior de las cárceles, publicaba un articulo  «Sobre la blasfemia» que merece ser expuesto en su totalidad. En el mismo, se puede observar la presión a la que los presos, acogidos al trabajo para redención de penas, estaban sometidos, hasta el absurdo momento, en el que el autor llega a culpar de las desgracias que sobre España se han volcado, a las blasfemias de aquellos que bajo las hordas marxistas estuvieron. Artículos como este, eran redactados por prisioneros de guerra como José R. de Basterra (Prisión del Carmelo -Vitoria).

Nótese los tentáculos de la censura y el carácter ideológico, en la labor de adoctrinamiento que había comenzado en las cárceles franquistas.

Sobre la blasfemia

Amigo:

Soy un preso como tú que, en tú compañía o en condiciones muy parecidas, he vivido largos meses de cautiverio y he llegado a tomarte afecto, y que por semejanza de situaciones y de motivos no debo serte sospechoso. Deseo discurrir un momento contigo sobre el asunto que encabeza estas líneas y que constituye una verdadera plaga en todas partes, porque creo que no hay país en el mundo en que se blasfeme tanto como se blasfema en España.

A veces he llegado a pensar que todas las desgracias que sobre España se han volcado, son un castigo de Dios por las injurias que, contra Él, se elevan continuamente, de esta tierra digna de mejor suerte. No re rías, de todas formas tengo la convicción (esta sí, firmísima), de que el proletariado español, la clase obrera, moderna y trabajadora a la que seguramente perteneces y por la que siento especial predilección, no mejorará de condición y categoría hasta que no deje de blasfemar, porque en tanto lo haga prueba será de que no adquiere la educación espiritual indispensable para merecer y lograr aquella mejora.

Supongo que eres y te tienes por hombre “consciente”, en decir, que obras por razones y no por lo que te quieren imponer otros, y que profesas unas convicciones que comprenden y tienen por justas y nobles y a las cuales ajustas tus acciones.  Es muy probable también que seas un enamorado de la Libertad (con mayúsculas) y acaso hasta libertario. En tal caso a ti es a quien me dirijo: a ti y a todos los que blasonan de modernos progresistas, libres de perjuicios y supersticiones, para empapados de esa nueva religión que rinde culto a la Libertad, que pide absoluta libertad de pensamiento, sin frenos ni cortapisas.

Probablemente blasfemas y oyes blasfemar en tu derredor, naturalmente cuando no estas presentes los funcionarios que velan por impedirlo. Y seguramente “hecho” ya el oido a las palabras, ni tú ni los otros os “dais cuenta” de lo que decís y de lo que significa, no percibís interiormente el hecho en toda su importancia. Y esto es lo primero que un hombre “consciente” debe conseguir analizar los hechos y formarse juicios propios. No como los que pasan por la vida oyendo todos los días las mismas cosas sin fijarse como son. Estoy cierto, segurísimo de que si oyeras a tu anciana madre proferir la menos grosera de las blasfemias que, a diario lanzas, te causaría un efecto terrible y desastroso, y sentirías una verdadera angustia.

Como puede mi madre ser tan “ordinaria” tan bruta, pensarías. Y sin embargo tú lo haces y oyes a tus compañeros y “te quedas tan fresco”. Reconoce amigo mío que esto no es lógico.

Y te reconocerás más inconsecuente aun, si reflexionas un momento lo que dices cuando blasfemas y por qué lo dices, y como se da ello “de patadas” con tus teorías y tus afirmaciones. No quiero decir que tu piensas de este modo, lo más probable, como antes dejo indicado, es que tú blasfemas porque sí, por contagio, por dártelas de más hombre. A veces por imponerte, por gritos a un adversario con el que discutes o riñes, sin darte cuenta (siempre falta de reflexión), de que un buen puñetazo en silencio, sin blasfemias ni gritos mal sonantes, vale más que todos estos.

Pues bien, yo quiero sugerirte algunos razonamientos. Yo te invito a reflexionar conmigo. Si me equivoco me refutas, pero si voy bien, habrás de darme la razón y obrar en consecuencia. ¿Por qué le cantas las cuarenta al sastre cuando te hace un pantalón corto o una americana estrecha? Porque él, el sastre, tu sastre tiene la culpa.

¿Por qué le insultas al tendero que te roba en el peso y por qué dices “pestes” del casero cuando te cobra una renta exagerada?” Porque ellos, el tendero y el casero, don Policarpo y don Sandalio, pongamos por caso, dos buenos “peces” son los responsables.

Ahora bien, cuando te pegas un coscorrón contra la esquina. o te cae sobre la cabeza un tiesto desde una ventana, o te pisan en callo, o te sale mal una cosa y no sabes a quien echar la culpa, ¿por qué te metes con Dios? Si dime ¿por qué? No me contestes “porque me da la gana” o “porque me sale de las narices”,porque esos no son argumentos de personas conscientes. Te invito nuevamente a que llevemos la cuestión con seriedad. Y bien ¿por qué?

Como tú no te has formulado nunca esta pregunta, no aciertas a buscar la respuesta y yo te la voy a dar. Sencillamente, porque le echas a Dios la culpa de lo que te ha sucedido, porque sabes o mejor dicho, sientes en tu interior instintivamente (intuitivamente que es más correcto) que hay “algo”, un ser superior, una fuerza, una energía que rige el mundo entero, que lo manda y gobierna, que nos domina y nos puede.

Al no ver tú con los ojos de la cara la causa directa y próxima del mal que te sucede, lo achacas genéricamente a Dios, a ese “Algo” superior e invisible y te revuelves airado contra Él (como antes contra el sastre o el tendero), y le injurias. Esa es la verdad lisa y llana. Esa es la significación moral de la blasfemia. ¿No lo ves claro?

Ahora bien, amigo mío, si no crees en Dios… ¿por qué le echas la culpa de lo que te contrarea?¿por qué le injurias?¿por qué blasfemas? Y a la inversa al hacer a Dios responsable de tus desgracias, ¿por qué no crees en Él? O lo uno o lo otro. Hay que rendirse amigo mío. Hay que ser consecuente. Hay que dejar de blasfemar, porque en ultimo termino, antes de echar la culpa a Dios y ofenderle, es prudente enjuiciar detenidamente los acontecimientos y si lo hicieras, comprenderías que el tiesto se cayó porque lo empujó una persona, sacudiendo torpemente las alfombras, y el pisotón te lo dio “el tío Paco” que es un animal, y el coscorrón te lo ganaste tú mismo por bruto. Entonces ¿a qué echar la culpa a Dios?

Me dirás… ya sé que me dirás muchas cosas, cualquier cosa en tu afán de buscar una “salida”, pues si te das por vencido tienes que dejar de blasfemar… y te parece que vas a ser “menos hombre”.

 

 

Para comprender el conjunto de la represión femenina y el funcionamiento del sistema penitenciario franquista, puede consultarse el siguiente estudio:
Represión femenina y cárceles: el caso de Dolores Valdés Fernández


Autor: Juan Amador Álvarez Vázquez
Investigador independiente  y custodio del archivo de Dolores Valdés Fernández
Editor de sus memorias y responsable de doloresvaldes.com

 

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