La propaganda en las cárceles franquistas

✍️ Introducción

La represión franquista no se limitó al castigo físico o a la privación de libertad, sino que incorporó un sofisticado aparato de control ideológico cuyo objetivo era transformar la conciencia de los vencidos. En este contexto, las cárceles franquistas se convirtieron en espacios donde la propaganda desempeñó un papel fundamental, actuando como herramienta de legitimación del régimen y de reeducación política.

A través del análisis de testimonios directos, normativa oficial y prácticas documentadas, este artículo aborda el funcionamiento de la propaganda en el sistema penitenciario franquista, mostrando cómo se articuló un modelo de dominación que combinaba castigo, disciplina y adoctrinamiento. La propaganda penitenciaria, difundida a través de publicaciones como el Semanario Redención, formó parte del proceso de reeducación ideológica aplicado en las cárceles de mujeres.

👉 Uno de los instrumentos más relevantes de este aparato propagandístico fue el semanario Redención, cuya génesis y función se analizan en detalle en el artículo «Genesis del Semanario Redención»

🧠 La propaganda como instrumento de control ideológico

Desde los primeros momentos de la dictadura de Francisco Franco, el régimen entendió que la represión debía ir acompañada de un proceso de legitimación política. En el ámbito penitenciario, esto se tradujo en la implantación de mecanismos destinados a moldear la mentalidad de los reclusos.

La cárcel no era únicamente un espacio de reclusión, sino un lugar donde se pretendía:

  • Imponer una nueva moral
  • Desarticular la identidad política del preso
  • Sustituir sus valores por los del nacionalcatolicismo

En este sentido, la propaganda actuaba como complemento indispensable del sistema represivo.

La represión ideológica ejercida en estos espacios afectó a mujeres como Dolores Valdés, cuya firme defensa de sus ideas fue motivo de persecución y posterior reconocimiento institucional.

⚖️ Nacionalcatolicismo y reeducación en prisión

El modelo ideológico del régimen se apoyaba en la alianza entre Estado, Iglesia y Falange Española, configurando un sistema en el que la religión y la política se entrelazaban de forma inseparable.

En las cárceles, esta lógica se materializaba en:

  • Asistencia obligatoria a actos religiosos
  • Imposición de prácticas catequísticas
  • Celebración de festividades patrióticas

Estas actividades no eran opcionales, sino parte de un proceso sistemático de reeducación destinado a transformar a las presas y presos en sujetos obedientes al nuevo orden.

👉 Este modelo puede comprenderse mejor en relación con el funcionamiento general del sistema penitenciario en el artículo sobre cárceles de mujeres y represión franquista.

🏚️ Escenificación del poder: visitas y actos oficiales

Uno de los mecanismos más visibles de propaganda era la organización de visitas institucionales a los centros penitenciarios. Autoridades civiles, militares y religiosas acudían a las prisiones en fechas señaladas para escenificar una imagen de orden, humanidad y control.

Durante estas visitas:

  • Se ocultaban las condiciones reales de vida
  • Se obligaba a las presas a mostrar una apariencia de normalidad
  • Se distribuían objetos simbólicos (cruces, estampas, pequeños obsequios)

Este tipo de actos respondía a una estrategia clara: proyectar hacia el exterior una imagen de benevolencia que contrastaba con la realidad cotidiana del encierro.

✍️ Testimonio y memoria: la mirada de Dolores Valdés

Los escritos de Dolores Valdés Fernández constituyen una fuente fundamental para comprender la distancia entre propaganda y realidad.

En sus memorias, describe con precisión estos episodios, señalando el carácter artificial de las visitas y la hipocresía de quienes acudían a “presenciar el dolor” sin intención de aliviarlo. Su testimonio revela cómo las presas eran obligadas a participar en una representación cuidadosamente construida.

👉 Su experiencia conecta directamente con otros aspectos del sistema represivo analizados en su biografía y en el estudio de los Sumarísimos de Urgencia, donde se evidencia la ausencia de garantías jurídicas.

🔗 Propaganda y estructura represiva

La propaganda en las cárceles no puede entenderse de forma aislada. Formaba parte de un entramado más amplio que incluía:

  • Los consejos de guerra
  • El sistema de libertad vigilada
  • La acción de la Falange en los procesos judiciales
  • La red de control social en la posguerra

Este conjunto de mecanismos configuraba un sistema coherente cuyo objetivo era no solo castigar, sino también disciplinar y transformar a la población vencida.

👉 Para profundizar en esta dimensión, puede consultarse el artículo sobre las Juntas de Libertad Vigilada (1943–1954), donde se analiza la continuidad del control más allá de la prisión.

🧵 Resistencia frente al discurso oficial

A pesar de la presión ideológica, las presas desarrollaron formas de resistencia que desafiaban la narrativa oficial:

  • Mantenimiento de la identidad política
  • Apoyo mutuo entre compañeras
  • Escritura clandestina de diarios y memorias

Estas prácticas permitieron preservar una memoria alternativa frente al discurso impuesto por el régimen.

En este sentido, la escritura —como en el caso de Dolores Valdés— se convierte en un acto de resistencia y en una herramienta fundamental para la reconstrucción histórica.

🧠 Significado histórico

El estudio de la propaganda en las cárceles franquistas permite comprender que la represión no fue únicamente física o judicial, sino también simbólica e ideológica. El régimen buscó controlar no solo los cuerpos, sino también las conciencias.

Este enfoque resulta esencial para interpretar la experiencia de las mujeres represaliadas, cuyo sufrimiento estuvo marcado por una doble dimensión: la violencia material y la imposición de un modelo moral y político.

🧭 Conclusión

La propaganda en las cárceles franquistas fue un elemento central del sistema represivo, diseñado para legitimar el poder, ocultar la violencia y transformar a los vencidos en sujetos ideológicamente sumisos. Sin embargo, los testimonios conservados, como los de Dolores Valdés Fernández, permiten desmontar ese relato y recuperar la realidad vivida tras los muros.

Hoy, el análisis de estas prácticas no solo contribuye a una mejor comprensión del franquismo, sino que también refuerza la importancia de la memoria como herramienta para preservar la verdad histórica frente a cualquier intento de manipulación.

👉 La propaganda penitenciaria se integraba dentro del sistema penitenciario franquista como herramienta de control ideológico.

👉 Estos elementos se integraban dentro de la represión franquista como parte de un sistema estructurado de control.

 

Foto I. Coro y cuadro artístico Prisión de Mujeres de Durango.

 

👉 Los géneros de la «Propaganda»

  • «Una Propaganda religiosa». Un 7 de enero de 1939, Pérez del Pulgar, Vocal del Patronato para la Redención de las Penas por Trabajo, elevó al Cardenal Primado, el plan general de la propaganda religiosa que fue íntegramente aprobado y que a su vez recomendó a todos los Prelados de España. Con una labor asistencial espiritual, llevada a cabo por los capellanes y con la colaboración de personas seglares de confianza. Esta labor, así como la instrucción, era llevada por estos que debían permanecer todo el día en prisión y tenían la prohibición de tratar cualquier tema ajeno a sus labores. Designados por los Prelados de las distintas diócesis, elevaban una propuesta de nombramiento, en la que figuraba la gratificación a percibir en función del número de reclusos de su prisión, y que oscilaba entre 100 y 350 pesetas. En las prisiones con un número de reclusos mayor de 3000, estos contarían con el apoyo de un capellán auxiliar. Sus funciones además de las expuestas, consistían en la legitimación de matrimonios e hijos y la asistencia a condenados a pena capital.

Sus obligaciones, además de procurar conocer en persona a todos los reclusos y sus circunstancias familiares, serían las de celebrar misa todos los domingos y fiestas, predicar una vez a la semana, explicar el catecismo a grupos poco numerosos buscando la colaboración de afines, visitar enfermos o asistir a todos aquellos que bajo pena capital han de ser ejecutados. Junto a estas obligaciones, la de organizar, vigilar y fomentar el uso de las bibliotecas de acuerdo con el maestro de la prisión, también formaría parte de su quehacer diario.

Contra la blasfemia, con el ánimo de someter más aún a la población reclusa, la Circular de 19 de enero de 1939, dentro del programa de «Propaganda religiosa», establecía una serie de sanciones contra aquellos reclusos que blasfemaran:

Se impondrá sanciones a los funcionarios que toleren o disimulen dicha falta a los reclusos. A éstos se les sanciona la primera vez con privación de las comunicaciones oral y escrita con el exterior en tanto no se aprecie su arrepentimiento, y en caso de reincidencia, se les aplica otras correcciones reglamentarias más severas y se les llega hasta inhabilitar para obtener el beneficio de libertad condicional y redención de pena por el trabajo.

  • Una Propaganda patriótica», Al final de la Guerra Cruzada, se leía a la población reclusa formada militarmente, el parte oficial y las crónicas El canto de los himnos del Movimiento, formaba parte del servicio diario obligatorio, con la imperativa participación de todos los reclusos. Por otra parte, y con el objetivo de ensalzar las virtudes de esta nueva Patria, se realizaban y premiaban concursos que elogiaran este tipo de virtudes. A este respecto, el de la obligatoriedad de cantar los himnos del Movimiento, la Circular de 10 de octubre de 1939 establecía lo siguiente:

«dando normas para el mantenimiento de la disciplina y estableciendo la obligatoriedad del saludo brazo en alto y del canto del Himno Nacional y de los del Movimiento. Dicta instrucciones severas para el mantenimiento más riguroso de la disciplina, recordando que a los funcionarios y a los reclusos les alcanza en los momentos actuales el Código de Justicia Militar, según la terminante declaración del Decreto 281 del 28 de mayo de 1938. Fija las sanciones disciplinarias de que serán objeto los reclusos que fueren remisos en el cumplimiento de estas normas, confirma la obligatoriedad del saludo brazo en alto en el interior de las Prisiones y establece como acto de servicio la entonación de los himnos y cantos nacionales y los vítores reglamentarios de nuestro Glorioso Movimiento. Esta circular deberá ser quincenalmente leída por los Directores a sus funcionarios y cumplida rigurosamente».

Igualmente, se ordena telegráficamente la lectura pública de aquellos textos de leyes y de actos de Gobierno que deben conocer todos los reclusos. Los Directores de las prisiones, solicitan del Patronato, la autorización de todos los actos de propaganda en que han de intervenir, personas de fuera y le someten, según dispone la Ley de 7 de octubre de 1938, los nombres de los conferenciantes y el guion de las ideas que cada uno ha de «explanar».

  •  » Una Propaganda cultural y artística», donde las bibliotecas estaban al servicio de los presos, con una colección de libros que habían sido recuperados de la zona roja, eso si, después de realizar una purga de aquellos considerados inmorales y revolucionarios. Las escuelas de analfabetos, clases especiales y lecturas en común, formaban parte de esta propaganda cultural y así la Memoria del Patronato de 1939, establecía como estas escuelas que se habían constituido en todas las prisiones, habían logrado aprender a leer y aprender a todos los analfabetos en tan solo tres meses. Igualmente se refleja cómo se realizan enseñanzas especializadas, a base principalmente de idiomas, enseñanzas profesionales, contabilidad, matemáticas, solfeo, dibujo, historia de España y exposición de F.E.T y de las JONS y del Fuero del Trabajo. Por otro lado, se refleja esa intención de formar artísticamente a los reclusos y para ello se crean orquestas y coros en todas las Prisiones Centrales y Provinciales

 

  •  «Propaganda» mediante el Semanario Redención, El 1 de abril de 1939, III año triunfal, se publica el nº 1 de Redención, único periódico que podían leer los presos, al precio de dos pesetas al trimestre, que sería vendido por suscripción y no por ejemplares sueltos y bajo tutela del Órgano del Patronato Central para la Redención de las Penas del Trabajo, con el título «YO ASPIRO A SER EL CAUDILLO DE TODOS», donde ya se dejaba meridianamente claro en su primera editorial, cuáles eran los objetivos de este nuevo semanario, véase el artículo publicado «Génesis del Semanario Redención», en esta misma web.

Sin duda todo un verdadero acto propagandístico del Régimen, lo contemplado en el Capítulo Primero del primer año de la obra de Rendición de Penas.

Pero el día a día para presas y presos, era muy distinto en aquellas «maravillosas» cárceles que el nuevo Régimen había construido y donde se trataba de hacer ver, el buen y exquisito trato que se profesaba a los vencidos. Una verdadera muestra de la realidad que allí acontecía, fue lo ocurrido en la cárcel de Saturrarán, donde Dolores Valdés sería castigada durante días en una celda inundada, y donde por dejar escrito lo que alli verdaderamente acontecía, le fueron requisadas dos libretas que posteriormente sirvieron para condenarla en un segundo Sumarísimo de Urgencia. Un extracto de su declaración ante el Juez G. Mariano el 29 de octubre de 1938, deja buena evidencia de ello.

«Querrá usted saber por qué está castigada, ¿verdad?

Podría ahorrarse ese trabajo porque ya lo sé y he cometido una falta y no de las menos graves, sobre todo en un penal, pero al ingresar en él me olvidé de que dejaba de ser persona para convertirme en una simple cosa. Pero vayamos por partes, cuando ingresé en el penal, no me quedó ni un simple papel, ni pluma, ni lápiz y sí un reglamento que me prohibía escribir en la pared. Yo no escribí en la pared, sino en papel que ustedes me vendieron y si estaba prohibido escribir, a qué me vendieron material escolar, haberme vendido mantecadas, fábulas de Samaniego o hilo y agujas para hacer media….»

Dolores Valdés

Mientras tanto, el sufrimiento de Dolores y tantas otras mujeres y hombres, pasaba totalmente desapercibido, a juzgar por lo que las autoridades describían como modernas cárceles habilitadas con «funciones de centros sociales», donde todo estaba al servicio del prisionero, a fin de que este viviese con todo tipo de comodidad. Así quedaba reflejado en un artículo en el número 1 de Redención publicado en abril de 1939.

Actos de fe y de patriotismo en las prisiones de España 

Indultos del Caudillo, Comuniones pascuales y arengas patrióticas. Se organizan coros y equipos deportivos. Labor benemérita de las religiosas y de los capellanes. En los albores de la paz que se dibuja, con el triunfo de las armas nacionales, la magnanimidad del Caudillo ha llegado hasta el lugar donde se hallan reos condenados a la última pena…

 

Foto II. Periódico Redención abril de 1939.

 

Para comprender el conjunto de la represión femenina y el funcionamiento del sistema penitenciario franquista, puede consultarse el siguiente estudio:
Represión femenina y cárceles: el caso de Dolores Valdés Fernández

 


Autor: Juan Amador Álvarez Vázquez
Investigador independiente  y custodio del archivo de Dolores Valdés Fernández
Editor de sus memorias y responsable de doloresvaldes.com

 

 

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