✍️ Introducción
La escritura fue, para miles de mujeres encarceladas durante el franquismo, mucho más que una herramienta de comunicación. En un contexto de aislamiento, represión y control absoluto, escribir —o poder hacerlo— significaba mantener un vínculo con el exterior, preservar la identidad y, en muchos casos, simplemente sobrevivir.
Sin embargo, no todas las presas republicanas pudieron ejercer ese derecho. El analfabetismo, especialmente elevado entre las mujeres de las clases populares, condicionó profundamente la posibilidad de dejar testimonio escrito de su experiencia.
📚 La alfabetización en las cárceles franquistas
La realidad de las prisiones femeninas durante la posguerra muestra un panorama complejo y desigual. Los estudios basados en documentación archivística, como el análisis de la cárcel de Predicadores en Zaragoza, permiten aproximarnos a esta cuestión con datos concretos.
Entre 1940 y 1955:
- El 60,04% de las reclusas sabía leer y escribir
- El 39,96% era analfabeta
Estos datos, lejos de ser meramente estadísticos, revelan una fractura fundamental dentro del universo carcelario femenino.
💥 Consecuencia clave
La capacidad de escribir no estaba garantizada.
👉 Y con ello, tampoco lo estaba la posibilidad de dejar memoria.
⚖️ La prisión como sistema de control total
El sistema penitenciario franquista no fue únicamente un espacio de reclusión física, sino un mecanismo de transformación y control integral del individuo.
En prisión se regulaba:
- El tiempo
- El cuerpo
- Las relaciones
- La comunicación
- Incluso el pensamiento
Como señala la investigación historiográfica, la cárcel funcionó como una herramienta de anulación moral, donde la incomunicación y la censura eran elementos esenciales del sistema represivo .
💥 La escritura bajo vigilancia
Las cartas:
- Eran censuradas
- Eran limitadas
- Eran controladas
👉 Escribir no era libre
👉 Era un acto condicionado por el poder
✉️ Escribir para no desaparecer
En este contexto, la escritura adquirió una dimensión radicalmente distinta.
Para muchas presas:
- Escribir era resistir
- Escribir era recordar
- Escribir era seguir existiendo
Las cartas, los diarios y las notas clandestinas se convirtieron en:
👉 Uno de los pocos espacios donde las mujeres podían mantener su identidad frente a un sistema diseñado para destruirla
💥 Pero no todas podían hacerlo
Aquí aparece una de las claves más importantes:
- Muchas mujeres no sabían escribir
- Dependían de otras reclusas
- Su voz era mediada
👉 La memoria carcelaria femenina fue, en gran medida, colectiva
👩🏫 Redes de alfabetización dentro de la cárcel
Ante la ausencia de programas educativos efectivos en muchas prisiones, fueron las propias reclusas quienes generaron espacios de aprendizaje.
Dentro de las cárceles:
- Las mujeres alfabetizadas enseñaban a las analfabetas
- Se creaban redes informales de apoyo
- Se compartían conocimientos de forma clandestina
💥 Un dato clave
No fue el sistema el que educó
👉 Fueron las propias presas
Esta alfabetización interna no solo permitía escribir cartas, sino que reforzaba la solidaridad y la comunidad dentro del espacio carcelario.
🧩 Alfabetización, clase y represión
El analfabetismo no afectaba a todas por igual.
Los datos muestran que:
- Era más elevado entre mujeres mayores
- Más frecuente en viudas
- Muy presente en clases populares
👉 Esto introduce una variable fundamental:
💥 La represión también tuvo una dimensión social y cultural
No todas las mujeres tuvieron las mismas herramientas para resistir.
🧠 Educación, ideología y control
La alfabetización en las prisiones franquistas se integró dentro de un modelo más amplio de control social que buscaba transformar no solo las conductas, sino también las ideas de las presas. La enseñanza de contenidos ideológicos, la supervisión religiosa y la disciplina formaron parte de este proceso de reeducación.
👉 En este contexto, la experiencia de Dolores Valdés permite observar cómo estas dinámicas se materializaron en vidas concretas, siendo posteriormente reconocida como víctima del sistema represivo franquista.
🧾 Cartas, memoria y silencio
Uno de los mayores problemas historiográficos es la escasez de cartas conservadas.
Esto se debe a varios factores:
- Destrucción tras su lectura
- Pérdida documental
- Censura
- Analfabetismo
💥 Consecuencia histórica
Muchas mujeres:
👉 No pudieron escribir
👉 No pudieron dejar testimonio
👉 No forman parte del relato escrito
👤 El caso de Dolores Valdés
En este contexto, las cartas de Dolores Valdés adquieren un valor excepcional.
No son solo documentos personales.
Son:
- Testimonio individual
- Fuente histórica primaria
- Representación de una experiencia colectiva
💥 Clave interpretativa
Dolores Valdés no representa solo su propia historia
👉 Representa también a todas aquellas mujeres que no pudieron escribir la suya
🔗 Escritura, propaganda y control
La escritura dentro de las cárceles también estuvo atravesada por mecanismos ideológicos.
El régimen utilizó:
- La educación
- La religión
- La disciplina
- La propaganda
👉 Como herramientas de control
La alfabetización, por tanto, no fue necesariamente liberadora dentro del sistema penitenciario, sino que también podía ser utilizada como instrumento de reeducación ideológica.
🧭 Contexto y conexiones
Este artículo se integra dentro de una red historiográfica más amplia:
- Biografía de Dolores Valdés → eje central de memoria
- Cárceles de mujeres → espacio de represión de género
- Cartas → fuente primaria fundamental
- Redención de penas → sistema de control penitenciario
- Propaganda en cárceles → dimensión ideológica del encierro
🧠 Conclusión
La alfabetización en las cárceles franquistas no fue un fenómeno secundario.
Fue una línea de fractura fundamental dentro del universo represivo.
Determinó:
- Quién podía escribir
- Quién podía comunicarse
- Quién podía dejar memoria
💥 Idea clave final
La memoria escrita de las presas republicanas no fue universal.
Fue:
👉 Desigual
👉 Fragmentada
👉 En muchos casos, colectiva
Y precisamente por eso, cada carta conservada, cada testimonio, cada palabra escrita desde la cárcel, se convierte hoy en un documento de un valor histórico incalculable.
🔗 Anexo documental
Estragués, R. M. A. (2019). Escritura y memoria. Vegueta- Anuario De La Facultad De Geografía e Historia.
Aragüés, Doctora en Historia Contemporanea de España en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), citada en el trabajo de introducción de las Memorias de Dolores Valdés, resalta la importancia de los testimonios de las mujeres republicanas en las cárceles franquistas, cuyo consuelo en sus reclusiones era el escaso contacto epistolar que mantenían con sus seres queridos. Su trabajo entre las reclusas de la cárcel de Zaragoza, será conocer el grado de alfabetización de las reclusas, así como la implicación de los centros y funcionarios penitenciarios en la formación de aquellas mujeres, a través de los datos obtenidos de los archivos de la Prisión Habilitada de Predicadores.
Dolores Valdés en relación al alto índice de analfabetismo que existía entre las presas, deja patente varias reflexiónes en sus memorias que enlaza perfectamente con el trabajo de Aragüés y así deja escrito:
«Allí las mujeres eran una pena, el analfabetismo era una cosa horrorosa. Ni el tres por ciento sabía leer ni escribir, sobre todo las andaluzas, gallegas, extremeñas y de la parte de Toledo, pero rezar saben todas. Con una población de analfabetos y otra de semianalfabetos porque tan analfabeto es el que lee y no sabe lo que lee, como el que no sabe leer y así nos luce el pelo…
…los que nunca quisieron que el pueblo despertara, ahora se ponían a la ingrata tarea de enseñar a aquellas pobres presas hambrientas, y abrieron la escuela para que aprendieran algo, sobre todo «doctrina», enseñando el caramelo que si la aprendían saldrían en libertad. Eso lo aprendían, pero a leer y escribir no aprendían.
Era tarde para eso, y eso de la letra con sangre entra, un absurdo de los muchos porque mientras haya hambre, no está fija la mente más que en la manera de saciarla como sea y allí había tanta culpa de aquellas brujas con tocas, que el «Tempranillo» y otros célebres ladrones eran unos santos, porque se lanzaban a perder la vida por su vicio y estas robaban a infelices indefensas con esa voracidad que no tiene un límite en su ambición…»

Foto I. Prisioneras en un taller en la cárcel de Barcelona en 1952.
Mas concisa se muestra Dolores Valdés respecto a esta problemática, en la declaración que efectua ante el ante el Teniente Honorario Juez Instructor D. Mariano G. por el Sumarísimo de Urgencia número 3134/1938, realizado en San Sebastián, tras haberle incautado cinco cuadernos manuscritos y catorce hojas sueltas, en un cacheo a consecuencia de un chivatazo en la prisión central de mujeres de Saturrarán, así declarará:
…Yo soy su juez instructor y no puedo, pero se defenderá usted misma con esa lógica acerada que tiene.
Sí señor, como no me atropellen ese derecho de defenderme lo haré. Porque señor juez pienso muchas veces lo poco que les quedó de aquel gran penalista Rafael Salillas y del coronel Montesinos, que querían devolver a los que por lo que fuera, iban a cumplir una condena. Copiaron mejor aquello de, “para hacer al bueno malo y al malo peor”. Porque que yo sepa, hay en el penal lo menos 30 maestras con título y no organizan unas clases siquiera para justificar la venta de material escolar. Yo soy un caso aparte, pero muchas pobres compran una libreta para distraerse y escriben cualquier cosa que se convierte luego en tortura para ellas mismas, además de gastar el dinero. Encáucese por medio de clases para que además de distraerse, sea un provecho de tanta desgracia. Y además es más humano, ya que por una simple nota tienen meses enteros a pobres reclusas sufriendo, lo que parece increíble…
Aragüés en su trabajo comienza citando a (Lukács 1836-1838;123-124) como » las prisiones actuaban como verdaderos instrumentos de represión, donde el gobierno al disponer de la libertad y el tiempo del detenido, ejercerá un total poder sobre aquellas actividades que en libertad se realizan con normalidad (sueño, vigilia, calidad de alimentos) además de ejercer un control casi absoluto sobre el pensamiento, pasando pues a ejercer una posesión del ser humano, así como de todas las físicas y morales que hay en él y del tiempo en el que él mismo está inserto».
«El instrumento represivo que mejor se ciñó a las intenciones depurativas de Franco fue el sistema penitenciario. Podría decirse que el régimen aplicó al pie de la letra el concepto de prisión decimonónico definido por Foucault como la maquinaria más poderosa para imponer una nueva forma de vida y pensamiento al individuo por medio de una educación total (Foucault, 1992: 238-239). Recordemos que la represión llevada a cabo sobre la población leal a La República por el régimen franquista tuvo como fin la eliminación física y moral de todo individuo que se opusiera al mal llamado «Alzamiento Nacional» …
…aplicando estas teorías punitivas decimonónicas en todos los centros de reclusión, tanto de hombres como de mujeres, el régimen procedió a la total anulación del individuo y su destrucción moral y material por medio de diferentes normas y mecanismos destinados a dirigir y controlar la vida de los reclusos en todos los ámbitos: físico, psicológico y moral. Por ello fue imprescindible su total desvinculación con el mundo exterior, en especial impidiendo todo lazo de unión con el mundo familiar, ideológico y social. Para ello se valió de la incomunicación de los reclusos con el mundo exterior y de la censura de las comunicaciones personales, tanto escritas como orales…»

Foto II. Presas políticas en la cárcel provincial de mujeres de València
Esta situación de aislamiento tuvo una importante contestación dentro de las cárceles donde rápidamente se organizaron complicados medios de comunicación con el exterior. No fue diferente en las cárceles de mujeres, donde cartas y notas clandestinas se intercambiaban entre reclusas y familiares utilizando para ello los más insospechados recursos. Es por esto que es necesario poner de manifiesto la importancia que tuvo la escritura, fuente de los testimonios escritos de las mujeres republicanas en las cárceles franquistas.
Buena prueba de esto resaltado por Aragüés, son la colección de cartas enviadas por la íntima amiga de Dolores Valdés , la gallega Josefa Segret y recogidas en su libro titulado «Abajo las dictaduras» editado por ella misma y publicado en 1982. En el mismo se narra, como para salvar la censura impuesta en los centros penitenciarios, utilizaban un lenguaje encriptado que les permitía informar y ser informadas por sus familiares de lo que «extramuros», sucedía.
Conocer el grado de analfabetismo, la formación o si todas tenían la capacidad de poder escribirse con sus seres queridos, así como el papel que otras compañeras hubieran podido tener en la formación de estas mujeres, es una tarea harto difícil.
Los estudios realizados sobre las cárceles de mujeres (EIROA, BARRANQUERO y NAVARRO, 1994; VINYES, 2002; EGIDO, 2011 y 2017; HERNANDEZ, 2005 y 2011; MOLINA, 2010) se han centrado especialmente en las fuentes primarias depositadas en los archivos; libros de entradas y salidas, expedientes, libros de actas, etc. A partir de ellos podemos hacer una valoración real de la situación de aquellas mujeres; como era la vida en la cárcel, cuales sus condenas, motivos de la detención, consejos de guerra, incluso las denuncias de las que fueron objeto. Pero el historiador echa en falta algo imprescindible, los sentimientos de aquellas mujeres; sus alegrías, su desesperación al no tener información suficiente del mundo exterior para entre otras cosas saber la suerte que habían seguido sus familias. Sus miedos: miedo a la muerte, al dolor de las torturas a las que muchas fueron sometidas, a sentirse tratadas como si fuesen criminales, a lo desconocido, a desaparecer sin dejar rastro.
Sólo los relatos de las propias reclusas son capaces de llenar ese vació y por ello testimonios orales y escritos han cobrado tanta importancia y son imprescindibles para conocer la vida de esas mujeres que lucharon por sobrevivir en las cárceles franquistas. Soledad Real, Juana Doña y permítanme como no, introducir en este artículo el testimonio de Dolores Valdés.
Aragúes en su trabajo señala como al no existir datos oficiales sobre la alfabetización en las cárceles franquistas, se remitirá a la ya citada Cárcel de Predicadores de Zaragoza, analizando la documentación de dicha institución. La investigación llevada a cabo en estos últimos años en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza sobre Predicadores le ha permitido consultar los Libros de Registro y los Libros de Entradas y Salidas no encontrando ningún dato sobre el grado de alfabetización de las reclusas. Pero no así en los padrones de la ciudad Depositados en el Archivo Municipal, donde viene perfectamente documentado este dato. Para este trabajo se han consultado los padrones de: 1940, 1945, 1950 y 1955, este último pertenece ya a la Prisión Provincial de Torrero a la que, en 1955, tras el cierre definitivo de Predicadores, fueron trasladadas las reclusas que aún permanecía en ese centro.
igualmente se realiza un análisis y descripción de los padrones, y así por ejemplo se señala como en el padrón de 1940, en relación a sus profesiones, el grupo más numeroso es el de «sus labores» siendo el 41,85 % analfabetas. De los demás grupos el porcentaje de las alfabetizadas es mayor a excepción de las viudas. Así tenemos, 4 modistas que saben leer; 10 empleadas de hogar, 6 saben y 4 no; campesinas, 1 si y 4 no; comercio, 7 todas saben leer; 6 maestras; 1 contable, 2 comadronas y 1 actriz que no sabe leer y 1 prostituta que si sabe leer.
Autor: Juan Amador Álvarez Vázquez
Investigador independiente y custodio del archivo de Dolores Valdés Fernández
Editor de sus memorias y responsable de doloresvaldes.com
