Represión penal de las mujeres de Bizkaia

Excepcional trabajo de Mónica Calvo, Universidad del País Vasco (Repositorio RUIdeRA) que aborda la represión penal de las mujeres de Bizkaia: Prisión provincial de Bilbao y chalet de Orue.

La represión penal de las mujeres de Bizkaia en la posguerra civil se concentró en dos escenarios: la prisión de Larrinaga y la habilitada Chalet Orue. El estudio de ambas prisiones nos permite comprender el apresamiento masivo de mujeres como un fenómeno represivo diferencial de género. Para ello se ha llevado a cabo un análisis sistemático de los expedientes penales más allá del delito de rebelión, obteniendo una descripción precisa del hecho represivo carcelario de las mujeres de la provincia en cuanto a características de las mujeres, delitos, condenas y tránsito entre prisiones, entre otras.

La prisión de Orue estuvo habilitada entre finales de 1937 e inicios de 1942, pero no podemos poner una fecha exacta a la entrada de las primeras mujeres en ella porque no disponemos, por el momento, de un documento que lo certifique, ejemplo de esa falta de oficialidad antes señalada. A pesar de esto, basándonos en algunos informes clandestinos elaborados por prisioneros vascos para el gobierno de Euzkadi y respaldando la hipótesis antes citada del hacinamiento, se puede situar el inicio de actividad de esta prisión entre finales de septiembre y diciembre de 1937, momento de mayor saturación de penadas en Larrinaga. A diferencia de su inicio, podemos oficializar su final en febrero de 1942, momento en el que se traslada a Larrinaga, a las últimas mujeres presas en el chalet, por “supresión de la habilitada de Orue”. Durante los más de cuatro años que va a estar en funcionamiento, Orue irá adquiriendo entidad y reconocimiento propio como prisión; de esta forma pasa de ser nombrada en un inicio como “Departamento de mujeres Orue”, a “Prisión Chalet Orue” y “Prisión de Mujeres Chalet Orue” en pocos meses.

 

De la misma forma, va a ser recordada por las mujeres que vivieron el presidio en esta casa, algunas de las cuales, como Carmen Machado, madrileña empleada de comercio penada a doce años; Flor Cernuda, sastra toledana condenada a 6 años de prisión; o Rosario Sánchez Mora “Dinamitera”, miliciana madrileña inmortalizada por el poeta Miguel Hernández y condenada a cadena perpetua, dejaran sus testimonios a Tomasa Cuevas, recopiladora infatigable gracias a la cual obtenemos luz en las investigaciones sobre las cárceles franquistas para mujeres (CUEVAS, 2004). Otras, como Nieves Torres, madrileña militante comunista a quien conmutaron la pena de muerte, impactarán directamente en la vida de quien tuvo la suerte de conocerla, como la historiadora Ángeles Egido por “su alegría y vivacidad, la persistencia en sus ideales y la falta de rencor en sus recuerdos”…

Dolores Valdés, deja interesantes pinceladas de su paso por este chalet improvisado como cárcel en su camino hacia la prisión de Saturarran, donde con gran exactitud describe las inhumanas condiciones que al igual que ella otras mujeres sufrirían en esta siniestra estancia.

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