Dolores Valdés: un homenaje a su memoria en el Ateneo de Turón

El pasado 13 de septiembre, en el salón de actos del Ateneo de Turón, tuvo lugar la colocación de una placa conmemorativa dedicada a Dolores Valdés, en reconocimiento a su trayectoria como activista feminista y como mujer represaliada durante la Guerra Civil.

Ochenta y dos años después de superar un cruel calvario, marcado por las torturas y humillaciones sufridas en las distintas cárceles por las que pasó, y cincuenta y nueve años después de su fallecimiento, su familia pudo finalmente rendirle homenaje y honrar su memoria en un acto cargado de emoción.

Nunca, ni siquiera en sus mejores sueños, Dolores «la Cuipa» habría podido imaginar que aquellas viejas libretas que, después de dos intentos fallidos en prisión, consiguió finalmente escribir en su casa del barrio de La Villa, en Mieres, llegarían algún día a tener la repercusión que hoy, merecidamente, han alcanzado.

Tesis doctorales, revistas especializadas, artículos, libros, instituciones públicas y una importante presencia en Internet han contribuido a recuperar y difundir la historia de aquella mujer de fuerte carácter, de tono burlón y, sobre todo, socialista y republicana convencida.

Sinceramente, y desde la parte que me corresponde como custodio de su memoria, tampoco habría imaginado que lo que comenzó como una simple curiosidad por saber quién era Dolores —de quien apenas conocía unas pocas pinceladas contadas por mi abuela Florentina, su hija— acabaría despertando en mí un interés tan profundo por conocer qué había detrás de aquella mujer tozuda, de armas tomar, a la que mi abuela describía simplemente como «un trueno».

Hoy podría decir que no fue solamente un «trueno». Fue una auténtica tempestad. Una mujer capaz de enfrentarse no solo a sus captores, sino también a un régimen represivo en el que las vidas y la dignidad de hombres y mujeres como Dolores apenas parecían tener valor.

Por eso, este homenaje tiene para mí un significado muy especial.

Quiero agradecer, en primer lugar, al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Mieres la atención prestada al dossier que en su día les facilité, con la esperanza de que pudiera hacerse realidad un acto como el que hoy nos ocupa.

Y, de manera especial, a Nuria Ordóñez Martín, concejala de Memoria Democrática, quien desde el momento en que conoció la vida y la historia de Dolores Valdés no dejó de trabajar para que este reconocimiento pudiera hacerse realidad y convertirse en un bonito colofón a su figura.

Quiero agradecer también a todas las personas que me han acompañado durante estos últimos años y que, de una u otra manera, me han ayudado a difundir, completar y transmitir el contenido de aquellas viejas libretas que hoy descansan en el Archivo Histórico de Asturias.

Entre ellas, Carlos Barros Sanjosé, con quien comenzó esta bonita historia;y también un recuerdo, a título póstumo, a Adolfo Pérez, fallecido director de la Fundación José Barreiros, cuyo trabajo fue fundamental para poner en marcha la recuperación de tanta información y abrir el camino que me permitió conocer y reconstruir una parte importante de la historia de Dolores.

A María Antonia Mateos, historiadora y escritora; Conchita Paredes, directora del Archivo Histórico de Asturias; Mónica García Fernández, historiadora e investigadora; Mónica Calvo Ortiz, historiadora e investigadora; Garazi Garayo Ellacuria, responsable del Archivo Histórico de Gipuzkoa; Natalia Jorge Pereira y Margarita do Val, historiadoras, escritoras e investigadoras gallegas. A los familiares y amigos que habéis permanecido a mi lado un profundo y emotivo abrazo.

Y a tantas otras personas que forman parte de una lista que sería imposible enumerar y que, quizá por la memoria o por las limitaciones de estas líneas, haya podido olvidar mencionar. A todas ellas, mi reconocimiento y mi agradecimiento, porque cada aportación, por pequeña que pudiera parecer, ha ayudado a mantener viva la memoria de Dolores Valdés y a hacer posible que su historia llegue hasta hoy.

Y quiero terminar con un pequeño recuerdo, no por ello menos importante, para Josefa Segret.

Hoy, a buen seguro, estaría orgullosa de que su dura y triste historia personal figure junto a la de su inseparable amiga Dolores. Ella fue testigo y apoyo en aquellos momentos terribles en los que las torturas sufridas en Saturraran dejaron su huella en el cuerpo y en la vida de Dolores Valdés.⁠

Porque recuperar la memoria de Dolores es también recuperar la memoria de quienes caminaron junto a ella, sufrieron con ella y nunca la dejaron sola.

Esta placa no cambia el pasado. Pero sí ayuda a que su historia no vuelva a quedar en silencio.

Y quizá ese sea, después de tantos años, uno de los mejores homenajes que podemos hacerle.

 


Autor: Juan Amador Álvarez Vázquez
Investigador independiente  y custodio del archivo de Dolores Valdés Fernández
Editor de sus memorias y responsable de doloresvaldes.com

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