Las enfermedades en el chalet de Orue

✍️ Introducción

Las cárceles franquistas no solo fueron espacios de reclusión, sino auténticos dispositivos de castigo físico y moral donde la enfermedad desempeñó un papel central. En el caso del Chalet de Orúe, la falta de atención médica, las condiciones insalubres y el hacinamiento convirtieron la enfermedad en una prolongación de la represión. Este artículo analiza cómo la enfermedad operó como forma de control dentro del sistema penitenciario femenino, conectando directamente con la realidad vivida por muchas presas políticas, entre ellas figuras como Dolores Valdés Fernández, cuya experiencia se inserta en este contexto de violencia estructural. Las enfermedades documentadas en el chalet de Orúe reflejan las condiciones sanitarias generales del sistema penitenciario franquista.

🏚️ El Chalet de Orúe como espacio de enfermedad

El Chalet de Orúe, utilizado como centro de reclusión durante el franquismo, se caracterizó por unas condiciones materiales profundamente deficientes. Lejos de cumplir cualquier función sanitaria o de cuidado, el espacio favorecía la propagación de enfermedades.

Las presas convivían en un entorno marcado por:

  • Hacinamiento constante
  • Falta de ventilación
  • Escasa higiene
  • Alimentación insuficiente

Estas condiciones generaban un caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de enfermedades infecciosas y crónicas, agravadas por la ausencia de tratamiento adecuado.

En este sentido, el Chalet de Orúe no puede entenderse como una anomalía, sino como parte de un sistema más amplio analizado en el artículo sobre cárceles de mujeres durante el franquismo, donde la precariedad sanitaria era una constante estructural.

El Chalet en concreto disponía de un muro alto y estaba enfrente del convento de El Carmelo (hoy permanece la actual Iglesia de El Carmelo). Hablamos de una época que muy poca gente recuerda, de los años 1937 a 1942, no solo porque las personas que entonces eran niñas y niños hoy son mayores de 85 o más años, si no también y/o sobre todo porque, en aquellos años, el tan popular barrio de Santutxu de hoy en día, era un complejo prácticamente rural, con varios conventos, la cárcel provincial de Larrinaga, la Casa Galera, una fábrica de tabacos y otra de ladrillos, las minas de El Morro y muy pocas casas particulares. Es decir, la gran mayoría de las familias que más tarde ponen su sello a este barrio luchador, no llega hasta los años 60. Se conoce la procedencia carlista e integrista del propietario del Chalet Orúe y durante la II República. Luego, el chalet fue la clínica Santa Marta y ya en los años 70 fue derribada para edificarse las viviendas actuales en lo que ahora son las calles Remigio Gandásegui, Julián Bolívar y El Carmelo.

Si bien no existen fechas documentadas que constaten el tiempo que el chalet estuvo habilitado como prisión de mujeres, se tiene constancia del inicio de esta actividad en el mes de noviembre de 1937, fecha de entrada del primer expediente procesal, y su existencia como penal se alarga hasta la primavera de 1942. A tales efectos, se pueden consultar interesantes páginas webs, con contenido adicional, datos y orígenes de este chalet-cárcel, que sirven para tener una clara noción de la importante represión que en aquel caserón tuvo lugar, véase: deia.eus, santutxuzaharra.com, lasmerindadesdelamemoria, o el video con experiencias personales de la web Santutxu Zaharra.

🤒 Enfermedades más frecuentes entre las presas

Las enfermedades que afectaban a las mujeres encarceladas respondían directamente a las condiciones de vida impuestas. Entre las más comunes se encontraban:

  • Tuberculosis
  • Infecciones respiratorias
  • Enfermedades gastrointestinales
  • Desnutrición
  • Problemas dermatológicos

La tuberculosis, en particular, tuvo una presencia significativa debido al hacinamiento y la mala ventilación. Su expansión dentro de espacios cerrados convertía a las cárceles en focos activos de contagio.

Además, la debilidad física derivada de la mala alimentación aumentaba la vulnerabilidad de las presas, reduciendo su capacidad de recuperación.

Este panorama conecta directamente con el contexto histórico del franquismo, donde la precariedad sanitaria no era solo consecuencia de la posguerra, sino también de una política penitenciaria basada en el castigo y la deshumanización.

⚕️ Ausencia de atención médica y negligencia institucional

Uno de los aspectos más graves del Chalet de Orúe fue la prácticamente inexistente atención médica. La asistencia sanitaria, cuando existía, era insuficiente, tardía o condicionada por criterios ideológicos.

Las presas políticas sufrían una doble penalización:

  • Por su condición de reclusas
  • Por su identificación política

En muchos casos, la enfermedad no era tratada como un problema a resolver, sino como una consecuencia aceptable del encarcelamiento.

La falta de medicamentos, diagnósticos y seguimiento médico refleja una negligencia sistemática que se repite en otras cárceles franquistas y que forma parte del entramado represivo del régimen, vinculado también a mecanismos como la libertad vigilada, donde el control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres continuaba incluso fuera de prisión.

🧠 La enfermedad como forma de represión

Más allá de su dimensión física, la enfermedad cumplió una función disciplinaria dentro del sistema penitenciario. La debilidad, el dolor y la incertidumbre actuaban como herramientas de desgaste psicológico.

La enfermedad:

  • Limitaba la capacidad de resistencia
  • Generaba miedo constante
  • Aumentaba la dependencia de la institución

En este contexto, el abandono sanitario puede interpretarse como una forma indirecta de castigo. No se trataba únicamente de una carencia de recursos, sino de una lógica represiva donde el sufrimiento formaba parte del sistema.

Este enfoque se relaciona con otros mecanismos de control ideológico, como los desarrollados por la Falange en el interior de las prisiones, donde la disciplina y la reeducación se imponían sobre cualquier consideración humanitaria.

👩‍🦰 Impacto en las mujeres presas

Las consecuencias de estas condiciones fueron especialmente duras para las mujeres. A la enfermedad se sumaban factores específicos como:

  • Embarazos en condiciones extremas
  • Falta de atención ginecológica
  • Separación de hijos
  • Sobrecarga física y emocional

En muchos casos, la enfermedad no solo afectaba a las presas, sino también a sus hijos, creando situaciones de extrema vulnerabilidad.

La experiencia de mujeres como Dolores Valdés Fernández debe entenderse dentro de este marco, donde la represión no solo era política, sino también profundamente corporal y cotidiana.

📚 Valor historiográfico y memoria

El estudio de las enfermedades en espacios como el Chalet de Orúe permite ampliar la comprensión del sistema represivo franquista. No se trata únicamente de documentar hechos, sino de visibilizar formas de violencia menos evidentes pero igualmente devastadoras.

Las fuentes que recogen estas experiencias —cartas, testimonios, archivos— resultan fundamentales para reconstruir una memoria histórica que durante décadas permaneció silenciada.

Este tipo de análisis contribuye a reforzar la memoria democrática, conectando la experiencia individual con el contexto estructural de la represión franquista.

🧾 Conclusión

Las enfermedades en el Chalet de Orúe no fueron un fenómeno aislado ni accidental. Constituyeron una consecuencia directa de un sistema penitenciario diseñado para castigar, debilitar y someter.

El abandono sanitario, lejos de ser una simple carencia, formó parte de una lógica represiva que afectó de manera especialmente dura a las mujeres. Recuperar estas historias es esencial para comprender la dimensión completa de la represión franquista y para consolidar una memoria histórica basada en el rigor, la documentación y la dignidad de las víctimas.

👉 La incidencia de enfermedades en prisión afectó de manera directa a las mujeres represaliadas, especialmente en contextos de hacinamiento.

👉 Las condiciones descritas reflejan el funcionamiento de la represión franquista en el ámbito penitenciario.

👉 Anexo

 Mónica Calvo Ortíz, antropóloga y doctoranda UPV-EHU, una de las principales investigadoras del Chalet de Orue,  Si bien se puede consultar distintos artículos por ella escritos, en las páginas web arriba referenciadas y otros, es el último trabajo Calvo Ortiz, M. (2023). Vivir, enfermar y morir en las cárceles de posguerra. Un acercamiento a las enfermedades de las mujeres en la Prisión Provincial de Bilbao y el Chalet Orue (1937-1942). Espacio Tiempo Y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, (35), 87–106. https://doi.org/10.5944/etfv.35.2023.36316, el que ocupará las siguientes líneas.

El artículo  tiene como objetivo, acercarse a los problemas de salud enfrentados por las mujeres en la Prisión Provincial de Bilbao y el Chalet de Orue durante la postguerra (1937-1942), utilizando para ello como fuentes documentales, los libros de entrada y salida del Hospital de Basurto en Bilbao y los expedientes penitenciarios de mujeres en las citadas prisiones. Si bien existen abundantes estudios sobre las pésimas condiciones de vida, salud, hacinamiento que las mujeres soportaron en las cárceles franquistas, lo acontecido en el Chalet de Orue merece resaltarse también con letras mayúsculas.

Un aspecto poco estudiado que así se refleja en el presente estudio, es la falta de atención médica que las mujeres recibían en prisión, mujeres que no solo padecieron las enfermedades epidémicas existentes en las cárceles franquistas, como la fiebre tifoidea, la sarna o la tuberculosis, sino que también sufrieron enfermedades ligadas al género femenino, negándoles la debida atención médica y cuidado durante el embarazo, el puerperio o la menopausia. A tal efecto, el de las condiciones de salud sufridas en prisión, Dolores con un cruel realismo deja buena cuenta de ello cuando relata:

La comida cada vez era menos, la miseria espantosa, el agua era algo que rayaba con lo criminal, un pequeño arroyo que discurría desaguando en él todas las alcantarillas y recogiendo todos los residuos. Cuando íbamos a lavar teníamos que apartar los excrementos que traía la pequeña corriente y al fregar lo mismo y para beber de aquellas aguas corrompidas, cuando llovía embarrizadas…

Enseguida entró el tifus. La primera en pagar tributo fue una asturiana de Pola de Lena, María (la de la Cuquera) y muchas más que sacaban en el carro de la basura, como si fueran perros. Cuando íbamos al comedor a cenar, las sacaban para que no las viéramos, las tenían tiradas por los pabellones muchos días y cuando comprendían que se morían, las llevaban a la enfermería, por llamarle algo así…

Aproximadamente, en noviembre de 1937 se habilitó el Chalet Orue. Allí trasladaron a todas las mujeres que estaban recluidas en Larrinaga en ese momento, 544 aproximadamente, y al menos 30 mujeres desde el Cuartelillo de Seguridad en febrero de 1938, tras el brote de sarna, convirtiéndose exclusivamente así, en una cárcel para mujeres. La fiebre tifoidea, continuaba en 1938 siendo un verdadero problema a erradicar en el interior de las cárceles y pese a tomar medidas orientadas a erradica o disminuir los contagios, (vacunas antitíficas para la población reclusa, zonas de aislamiento o disminución de la población reclusa por sobreseimiento de causas o traslado a Saturrarán), la fiebre tifoidea siguió acompañó a las mujeres presas en aquellos penales habilitados, que gozaban de lamentables condiciones de hacinamiento e higiene.

De las condiciones de hacinamiento allí sufridas, Dolores Valdés  deja constancia a su llegada un 18 de mayo de 1938:

Llegamos al fondo, parecía una catacumba, 64 mujeres en 6 literas, nos metimos a oscuras hasta que amanece, aunque allí seguía siendo de noche, cuando nos avisan que darán una botella de agua para lavarse y apagar la sed. Recogimos el agua sucia que nos dan por medio de una manga, y después un poco de agua sucia para desayuno, aunque pomposamente llamaran café, un chusco de pan y allí en aquella cueva oscura metidas. La comida es el día de hoy que todavía no sé de qué se componía, pues sólo con su olor tumbaba a uno para atrás…

 

Foto II. Foto Kulturverein baskale.

 

Resumen de Condiciones: La Cárcel-Chalet de Orue

A diferencia de las prisiones convencionales, el Chalet de Orue fue un centro improvisado donde el hacinamiento y la falta de infraestructura médica marcaron el destino de cientos de mujeres

  • Dato Clave                                                                            Información Histórica y Sanitaria
  • Ubicación                                                        Barrio de Santutxu (Bilbao), antiguo chalet y clínica Santa Marta.
  • Periodo de actividad                                      Noviembre de 1937 – Primavera de 1942.
  • Población reclusa                                          Capacidad desbordada con más de 544 mujeres en espacios mínimos.
  • Higiene y Agua                                               Suministro criminal: agua de un arroyo contaminado por alcantarillas.
  • Enfermedades principales                            Tifus exantemático, sarna, tuberculosis y fiebre tifoidea.
  • Patologías de género                                    Desatención total en procesos de embarazo, puerperio y menopausia.
  • Vínculo Sanitario                                           Traslado  al Hospital de Basurto (factor clave de supervivencia).
  • Mortalidad                                                      Fallecimientos por falta de tratamiento en apendicitis, cáncer y uremia.

 

Rufino Silván que llegó como nuevo médico del Chalet de Orue a principios de 1938, tras una dilatada trayectoria profesional y personal, pues había sido apresado y conducido a Larrinaga durante los once meses que duró la guerra en Bilbao, sobreviviendo al asalto de las cárceles el 4 de enero de 1937, donde resultó herido, certificó el traslado desde el Chalet de Orue de al menos 100 mujeres al Hospital de Basurto entre 1938-1940, con distintos cuadros de enfermedad en estados imposibles de tratar en aquel edificio habilitado como prisión, como apendicitis, diabetes, cánceres, tumores, enfermedades renales (tuberculosis renal, uremia), respiratorias (asma, pleuritis), además de afecciones ginecológicas.

La autora, pone el foco de atención, en la gran cantidad de hospitalizaciones por cuadros descritos como anexitis, una enfermedad inflamatoria pélvica causada por bacterias como la chlamydia o el estreptococo que provoca la inflamación de la vagina, las trompas de Falopio y los ovarios, acompañada de dolor intenso. La anexitis está habitualmente relacionada con enfermedades de transmisión sexual sin tratar. Además, son frecuentes los casos de metrorragias y diversas enfermedades como metritis post partum, ganglios en mamas, eccema de pezón o fibromas uterinos. Interesante también, el capítulo bajo el título » Muertes evitables en los penales centrales» donde además de examinar las causas, se exponen casos concretos de mujeres fallecidas en esos penales.

La deplorable y deficiente alimentación ofrecida en las prisiones y tan repetidamente denunciada por Dolores, se encuentra directamente relacionada con el estado de salud que presentaban estas mujeres. Realmente lo único que apaciguaba la insaciable hambre sufrido, eran los envíos de comida que sus familiares con gran esfuerzo realizaban. Diferentes informes elaborados por presos en Larrinaga, muestran una dieta pobre a base de lentejas sin limpiar. Legumbres que conformaban la dieta básica en el resto de las prisiones, pues Dolores ya deja constancia de ello, desde el primer día que visitó la cárcel Modelo de Oviedo antesala de su próximo destino Saturrarán:

 Las lentejas sin escoger, que no por su escasez se dejaban de comer, sino porque eran una porquería…

A este respecto, sobre lo allí acontecido en el Chalet de Orue, Mónica Calvo refleja el testimonio de las carencias alimenticias a las que eran sometidas a tenor de lo manifestado por distintas presas:

Rosario Sánchez Mora, «La Dinamitera», cuenta que la dieta en el chalet «casi siempre era arroz pasado, muy pasado porque se hincha mucho, da de sí, y era agua y arroz blanco».

A su vez, la asturiana Dolores Valdés, escribió en sus memorias personales que en el chalet les daban «un poco de agua sucia para desayuno, aunque pomposamente lo llamaran café, y un chusco (…)».

Las conclusiones del estudio, parecen determinar que la cercanía al hospital de Basurto y la presencia de un médico que las diagnosticara y remitiera con celeridad allí, podían ser factores determinantes para sobrevivir, siendo las mujeres de las prisiones de Larrinaga y Chalet de Orue, las más beneficiadas por la cercanía a dicho hospital. Por otra parte, las condenas más largas que eran cumplidas en los penales centrales, tenían un mayor riesgo de agravamiento, todo ello debido a una falta de atención y tratamiento que en muchos casos llevaban aparejada la muerte de la condenada. Como objeto de estudio, Mónica Calvo señala a las enfermedades metales sufridas por estas mujeres como objetivo pendiente, pues la falta de documentación expresa y de testimonios directos, determinan a estas enfermedades como una categora dífícil de analizar y de cuantificar.

📚 Para más información

El estudio del Chalet de Orúe y la represión femenina durante el franquismo ha sido abordado desde diversas perspectivas historiográficas que permiten profundizar en la realidad de las mujeres encarceladas y en las dinámicas del sistema penitenciario. Entre las investigaciones más relevantes destaca Chalet de Orúe: las mujeres presas a sujetos invisibles, un trabajo centrado en la invisibilización histórica de las presas y en los mecanismos de deshumanización que operaron dentro de este espacio de reclusión.En la misma línea, Represión penal de las mujeres de Bizkaia ofrece un análisis más amplio del sistema represivo en el territorio, contextualizando el Chalet de Orúe dentro de una red de control político y judicial ejercida específicamente sobre las mujeres. Por su parte, Mujer y represión franquista en Bilbao: el Chalet de Orúe profundiza en el caso concreto de este centro penitenciario, abordando tanto las condiciones materiales como las estrategias de disciplinamiento y castigo aplicadas a las reclusas. El trabajo Acercamiento al estudio de la prisión de mujeres, Chalet de Orúe constituye una aproximación general al funcionamiento de esta institución, combinando fuentes documentales y testimoniales para reconstruir la vida cotidiana en su interior. Finalmente, “Orúe”, la prisión habilitada para mujeres. De la represión al olvido analiza no solo la etapa de funcionamiento del centro durante el franquismo, sino también su posterior desaparición del relato público, poniendo el foco en los procesos de olvido y recuperación de la memoria histórica.

Para comprender el conjunto de la represión femenina y el funcionamiento del sistema penitenciario franquista, puede consultarse el siguiente estudio:
Represión femenina y cárceles: el caso de Dolores Valdés Fernández

 


Autor: Juan Amador Álvarez Vázquez
Investigador independiente  y custodio del archivo de Dolores Valdés Fernández
Editor de sus memorias y responsable de doloresvaldes.com

 

 

Compartir:

Anterior

Siguiente